Uno de los ejemplos mas fascinantes de Complementariedad en el sistema del cuerpo humano es el cerebro, particularmente el sistema formado por los hemisferios izquierdo y derecho. Los estudios tradicionales sobre la anatomía del cerebro y de las funciones cerebrales han mostrado que los dos hemisferios llevan a cabo actividades separadas, y se ha tenido la creencia de que cada persona tiene a alguno de los hemisferios como parte dominante, lo cual resulta en una personalidad diferente y características intelectuales diferentes. Estudios recientes en Neurociencias muestran que esto no es necesariamente correcto, y mucha mas información esta disponible cada vez con respecto a como es que el cerebro trabaja.
Una de las condiciones que son ciertas es que los dos hemisferios cerebrales trabajan bien juntos, no porque lleven a cabo la misma actividad, pero precisamente debido a que cada hemisferio lleva a cabo roles diferentes. Esto significa, en el lenguaje de nuestro nuevo paradigma, que los dos hemisferios cerebrales forman un par complementario.
Como continúa siendo el caso con los nuevos descubrimientos sobre cómo funciona el sistema del cuerpo, para poder observar la presencia de un paradigma no-mecánico, necesitamos pensar mucho mas en términos de redes que están distribuidas ampliamente, sistemas complejos y auto-organizados, en lugar de pensar en la visión del paradigma mecánico que asume la existencia de “módulos” separados, cada uno con funciones específicas.
Si le damos seguimiento al paradigma materialista para tratar de explicar las funciones cerebrales, al momento hemos observado dicotomías en la actividad de los dos hemisferios, tales como: razonamiento ~ sentimiento, racionalidad ~ intuición, cerebro masculino ~ cerebro femenino, etc. Y le hemos asignado las diferencias a cada hemisferio separado, teniendo cómo ejemplo que el hemisferio izquierdo representa a la razón, racionalidad y los roles del cerebro masculino, mientras que el hemisferio derecho tiene asignados los sentimientos, la intuición y los roles del cerebro femenino.
Por los últimos cien años, se han tenido muchos estudios que han ayudado en explicar la manera en que cada hemisferio trabaja. Usando el ejemplo de personas que sufren de daños en alguno de los hemisferios debido a algún accidente, l presencia de tumores cerebrales localizados que afectan funciones específicas y en casos extremos en que se utiliza la cirugía para separar los dos hemisferios al desconectar el “corpus callosum” que es la parte que une a ambos hemisferios, cómo un método para el tratamiento de casos complicados de esquizofrenia o alguna otra enfermedad mental. Mientras que éstos eventos han mostrado las diferencias funcionales entre los hemisferios, mas recientemente se ha podido observar que no se tiene una condición puramente blanco y negro, y que en realidad, si bien es cierto que existen funciones diferentes entre los hemisferios, ambos operan principalmente como un sistema coordinado. Es decir, los hemisferios son complementarios.
En términos generales, parece ser que ambos hemisferios colaboran para llevar a cabo la mayoría de las funciones cognitivas que el cerebro lleva a cabo. Aún cuando cada hemisferio presente tendencias específicas, cada uno hace su parte en cada una de las diferentes dicotomías identificadas.
El Mundo Dominado por el Hemisferio Izquierdo
Mientras que el sistema cerebral opera como un modelo complementario, han existido a través de la historia humana algunos puntos ciegos con base cultural que han influenciado y le han dado forma a la manera en que grupos humanos distintos se comportan. En términos generales, las sociedades occidentales han estado determinadas por una tendencia y enfoque del hemisferio izquierdo, mientras que en contraste, algunas de las culturas orientales y las sociedades indígenas originales en diferentes partes del mundo han mostrado un enfoque del hemisferio derecho. Esto parece ser una de las principales razones de porqué las diferentes culturas muestran diferencias en valores, intereses, y visiones del mundo y de la naturaleza.
El Neurocientífico y escritor Británico Iain McGilchrist se ha llevado 20 años de su vida estudiando y analizando la manera que las culturas occidentales han sido dominadas por los paradigmas del hemisferio izquierdo y cómo las condiciones del mundo actual pueden ser atribuídas a esta condición. En su excelente libro “El Amo y su Emisario: El Cerebro dividido y el Desarrollo del Mundo Occidental“, McGilchrist (2009) lleva a cabo un análisis detallado de esta situación. En relación con las condiciones actuales del mundo, McGilchrist menciona:
“El declive de la civilización ha sido asociado no solo con mas maneras de pensar relacionadas con el hemisferio izquierdo pero de manera apropiada con formas de imperialismo militar o económico, y una consecuente sobre-extension de la administración, un endurecimiento en los valores, y una falla de vitalidad, visión e integridad … la visión del hemisferio izquierdo ofrece respuestas simples. Su manera de pensar favorece la consistencia sobre cualquier otra cosa, y pretende ofrecer los mismos modelos mecánicos para explicar todo lo que existe. Este pensamiento es común de aquellos que mantienen una ciencia reduccionista e ingenua (‘cientismo’), de los entusiastas de soluciones tecnológicas para lo que son problemas humanos complejos, y son diseñadores e implementadores de sistemas burocráticos.” (pp. xx11-xx111).
El análisis detallado hecho por McGilchrist conecta directamente las tendencias del hemisferio izquierdo aplicadas por las sociedades occidentales en los pasados cientos de años al paradigma materialista/reduccionista. Y hace la observación de entender el valor de tener un balance hacia un nuevo paradigma que toma en consideración los puntos fuertes del hemisferio derecho. Su visión es que particularmente en los pasados 100 años las civilizaciones se desplazaron hacia un mundo mas natural, ritmos y ciclos en los cuales los seres humanos se dieron cuenta de que tenían una vida interdependiente dentro de ellos mismos, y también un fuerte sentido de pertenecer a la naturaleza, a un mundo que “ ha sido remplazado por un ambiente confrontacional, inerte e inflexible de superficies muertas, líneas rectas, masas de concreto y formas grandemente genéricas, las cuales son ampliamente experimentadas como alienantes.” (pp. xxiii-xxiv).
Sumarizando el paradigma actual de la sociedad occidental con base en las tendencias del hemisferio izquierdo, McGilchrist nos ofrece una conclusión inicial de la siguiente manera:
“… en una sociedad tal como la nuestra, cualquier inconsistencia aparente es tratada como una señal de error o de confusión. La ambigüedad ya no es una fortaleza dando que la verdad sea conocida por ser complicada y tener varios niveles: es una debilidad, ya que la verdad es considerada por ser simple y directa. Es por lo tanto más fácil aceptar el punto de vista del hemisferio izquierdo, el cual es articulado sencillamente, no es ambiguo y simplemente se encuentra en contradicción al punto de vista del hemisferio derecho, que aceptar el punto de vista del hemisferio derecho, el cual es mas multifacético y difícil de articular, y ya incluye el punto de vista aparentemente incompatible del hemisferio izquierdo. Esta virtud lo hace inmediatamente vulnerable al cambio de inconsistencia, y es por lo tanto, desechado.” (p. xxv)
El mundo dominado por el hemisferio izquierdo es un mundo que ha aceptado el paradigma materialista como su verdad. El modelo mental reduccionista que asume que la respuesta más simple es la correcta. La ciencia que explica cualquier cosa fragmentando todo en partes pequeñas, en lugar de observar como funcionan los sistemas. Es cierto, el hemisferio izquierdo ha sido muy poderoso en crear un mundo altamente tecnológico, sistemas de manufactura que empezaron por quebrar el trabajo en las actividades mas pequeñas posibles de tal manera de que cualquier persona las pueda llevar a cabo, en las que la mano de obra no tenga la necesidad de pensar o racionalizar el trabajo que hay que hacer. El mundo que nos dio los conceptos de la línea de producción la cual pudo hacer todo mas barato y accesible a las masas, empezando por los automóviles, televisores, teléfonos, etc. Sin embargo, el modelo mental materialista ha mostrado valor limitado en abordar los grandes problemas de la humanidad. Ha creado una división económica mayor con cada día entre la gente pobre y la gente rica, y ha generado grandes problemas en el mundo natural.
El dogma de la ciencia, continúa siguiendo los trenes de pensamiento que fueron introducidos hace cien años. Los guardianes del dogma insisten en el método científico, que como fue definido hace doscientos años, es aún, la única y absoluta verdad. El insistir que los resultados experimentales deben de ser repetitivos e ignorar los fenómenos que no pueden explicarse. También, el insistir que todas las soluciones a los problemas deben de ser simples, teniendo principios como el del rastrillo de Occam con validez todavía. Sin embargo, la naturaleza es como es, con cosas que son simples y con cosas que son complicadas. Aquello que es complicado tendrá una explicación complicada, no importa que el dogma insista que esta solución deba de ser simple. Tal es el ejemplo con la Física Cuántica, que de acuerdo con Richard Feynman: “ Cualquiera que diga que entiende la Mecánica Cuántica es porque no la ha entendido.” Si todo fuera tan simple como el dogma insiste en que sea, no deberíamos el dia de hoy construir una flor? O una planta? O un perro? O el ser vivo más simple en la naturaleza? Aún el ser vivo más simple es tan complicado que no podemos ni siquiera empezar a entender como construir uno, pero aun así, el dogma insiste que todo en la ciencia debe tener una respuesta simple, y que todo puede explicarse dividiéndolo en partes pequeñas. El dogma de la ciencia occidental es el mejor ejemplo de la manera de trabajar del hemisferio izquierdo. Es cierto, ha creado una gran cantidad de avances tecnológicos, pero también es cierto que tiene grandes limitaciones y tiene un valor limitado el día de hoy en la búsqueda de conocimiento mayor.
Referencia:
McGilchrist, I. (2009), The Master and his Emissary, The Divided Brain and the Making of the Western World. New Haven, Connecticut: Yale University Press
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